A ti, Virgencita del Rocío

 

Hay personas en esta vida, en la que la sensibilidad de sus sentimientos es tan extrema, que simplemente con un leve paseo por un sueño concedido, sean capaces de expresar su más profunda vivencia rociera, como si de un peregrino, cargado ya de años y caminos, se tratara. Esta es una de ellas. Doy fe que tuvo buenos maestros.

 

A ti, Virgencita del Rocío, quiero pedirte: vuelvas a concederme la oportunidad de ir siempre a verte. Que no falte nadie, que podamos ir de nuevo juntos caminando como hermanos, que aquellos que vemos todos los días andando junto a la carreta sin saber quiénes son, no pierdan nunca la fe de aventurarse al camino, que el sonido de la nauta y el tambor toquen cada mañana recordándonos nuestro deber de peregrinos. Que las aguas del río Quema nos bendigan cada año al pasarlo y nos recuerden el bautizo por el que todos pasamos. Que el Ajolí permanezca allí eternamente para damos la bienvenida al Rocío.

 

Que no me falte mi compañera de sueños ni a ella su amado, ni ninguno de mis amigos y mucho menos mi hermano, ni el sonido de su guitarra que nos alegra cuando andamos.

 

Que ninguno tenga que irse sin terminar el camino porque es muy triste despedir al mejor de los peregrinos...

 

Y si alguno de nosotros no pudiera ir un año que sea yo y no ellos que llevan más años andando; porque sé que cuando lleguen, desde tu Ermita al mirarte, me recordarán rezando.

 

¡VIVA LA VIRGEN DEL ROCIO! ¡VIVA SEVILLA!

 

Rosa M. Almagro

 

Publicado en el Boletín d ela Hermandad de Diciembre de 1995 -  Pägina 9