De ayer ...a hoy
Los dos dibujos que aparecen en este artículo, por si solos serían suficientemente expresivos, sin necesidad de recurrir a la escritura, para comprender a primera vista lo que intentamos expresar. En esta vida las cosas no tienen por qué ser ni rotundamente blancas ni rotundamente negras, sino que por el contrario existen matices, y es lo que trataremos de explicar, las diferencias de aquel AYER no tan lejano y el actual HOY o presente, rocieramente hablando se sobreentiende.

Desde los tiempos de nuestra entrañable y romántica carreta, como único medio de transporte disponible para hacer el camino del Rocío, donde en su limitado habitáculo dormíamos, nos vestíamos, pocas veces desde luego, ya que el equipaje de aquella época era bastante raquítico, y en algunas ocasiones lo componía un solo traje para todo el camino, o sea el mismo.
Comparado con el de hoy y me refiero fundamentalmente a las señoras, cuyo vestuario sería incluso envidiado por la difunta doña Concha Piquer. Y volviendo a !a carreta, en cuya parte inferior, llamado cobujón o cujón, en cuyo interior se llevaba que yo me acuerde, el costo de personas y animales, carbón, anafe, escalera, yugo de repuesto, cinteros y un sin número más de etc.
Todo ello comparado con los sofisticados remolques actuales, que sus orgullosos propietarios te invitan a visitar en la primera parada como si de un museo se tratase, y que más o menos responden a las siguientes características: Un largo de 14 metros por 5 de ancho. 14 camas, 7 mesillas de noche, vestidor de señoras y vestidor de caballeros, 2 cuartos de baños, agua caliente, fría y tibia, luz eléctrica procedente de un aparato (infernal por su ruido) que se llama grupo electrógeno, etc... Quiere esto decir que aquellos hermanos que siguen llevando la romántica carreta son de Laureada de San Fernando.

Y conste que las referencias hechas anteriormente no es porque el que esto escribe tenga nada en contra de esos hoteles rodantes ni mucho menos. Creo y respeto que cada uno puede ir al Rocío como quiera o como pueda, pero ojo, seamos al menos medianamente serios y comprendamos que no podemos tener, conservar, ni tan siquiera sonar caminos de antes, con los medios de transporte actuales. No podemos pretender que nuestra Hermandad pare en el patio de un cortijo cuando necesitamos cuatro Has. A un continente sólo le cabe un contenido, cuyo volumen sea inferior o como máximo sea igual al continente; cuando el contenido es mayor suelen ocurrir dos cosas, o no cabe o si lo forzamos el continente revienta, y es lo que le ha ocurrido a nuestro camino, del Rocío, que se le ha metido lo que no le cabe. Y ya no hay vuelta atrás, lo perdido perdido está, y si no nos ponemos a meditar un poco y ya no me refiero a la reflexión particular de cada uno, sino me estoy refiriendo a las Hermandades-, perderemos también lo poco que a dicho camino, le va quedando. Y con ello seremos todos los responsables de haber robado una parte importante a ese gran todo que es El Rocío.
Un nostálgico
Publicado en el Boletín de la Hermandad de Abril de 1994 - Página 12