De ayer ...a hoy

 

Desde aquel ayer no tan lejano, cuando la aldea del Rocío era auténticamente una aldea, con una variopinta y anárquica distribución urbanística, la escasísima población que lo habitaba se encontraba prácticamente alrededor de aquella pequeña ermita, formando lo que conocemos por El Real y El Acebuchal.

El tipo de edificación por aquél entonces, estaba representado por la tradicional y tan peculiar "choza marismeña", construida a base de paredes de una especie de adobe y piedra toscamente repellada, y finalmente cubierta a dos aguas por vegetación propia de la marisma.

Contrastaba la blancura de sus paredes, inmaculadamente siempre bien blanqueadas, con la oscuridad de su techumbre. El suelo en su interior era de tierra, y la distribución estaba hecha a expensas de unos finos tabiques, ocupando el hueco de las puertas unas cortinas fabricadas de los más dispares tejidos.

 

En el interior de estas chozas hacían gran parte de su vida los habitantes del Rocío, y esporádicamente sobre todo al llegar la romería de Pentecostés, se transformaban en el hogar de aquellos que acudíamos al Rocío, previo pago a sus dueños de un alquiler por los tres días que permanecíamos en la aldea.

 

De esta reliquia de edificación creo que sólo queda una muestra casi derruida, al final de la calle Sanlucar en dirección a la "Boca del lobo". En mi modesta opinión, al igual que se han protegido los escasos y centenarios acebuches existentes en el lugar conocido por "El Acebuchal", iniciativa que aplaudo, de igual forma se deberían haber conservado algunas de estas chozas, al menos para que las nuevas generaciones que hoy acuden al Rocío pudiesen contemplar cómo era aquel Rocío no tan lejano en el tiempo pero sí en la forma.

 

Mencionar sólo de pasada, el upo de edificación que representa el hoy del Rocío, que en algunos casos, no todos afortunadamente,  no tienen nada que ver con el lugar, con el estilo, ni tan siquiera con el confort; sino que por el contrario son sólo una manifestación de mal gusto y del potencial económico de sus dueños faltos de toda sensibilidad.

 

 

Pero no quiero terminar este artículo convirtiéndolo en un can to a la crítica, cuando la intención es todo lo contrario, prefiero inspirarme en las musas del recuerdo, la nostalgia, Ía sencillez y la añoranza.

 

El que esto escribe, quizás por viejo o por afortunado, ha conocido el ayer y el hoy, urbanísticamente hablando, de la aldea, y vivió en aquellas chozas en más de una romería y en muchas otras ocasiones ajenas a la fiesta de Pentecostés.

 

De entre todas las que ocupé hubo una de la cual conservaré un recuerdo entrañable mientras viva: "la choza de Juana La Vele".

 

Doña Juana "La Vele" ha sido, es y será una institución en el Rocío; pionera en la hostelería rociera, pues es la dueña de la primera pensión que se estableció en la aldea y tuvo el buen gusto de conservar hasta hace unos diecisiete años su antígua choza, que se encontraba situada detrás de la pensión y daba justo al corral de la Hermandad de Huelva.

 

 

En aquella choza descansé muchas noches y aún conservo el olor a zahones y monturas, junto con mi inolvidable compañero de andanzas marismeñas, D. José María Moreno Santamaría y Aguilar, que la Virgen tendrá en su gloria junto a su esposa Santi.

 

En el interior de aquella choza velé y soñé con amaneceres por el Coto del Rey, destetando becerros, siempre invitado por D. Antonio Arrán, guarda mayor del Palacio, junto al que aprendí gran parte de lo que sé sobre este rincón de la tierra, único en el mundo y que desde hace siglos fue bautizado con el nombre de Doñana.

 

Aquí pasé los días más hermosos de mi existencia, junto a los guardas del Palacio aprendí la sencillez de su hombría, compartí y saboreé lo rico que está un salmorejo después de 8 horas a caballo y contemplé ponerse el sol por Doñana al paso tranquilo de mi caballo de vuelta hacia el Rocío. Y en aquella choza de Juana volví a soñar con ser centauro en aquella tierra que Dios eligió como morada de su bendita Madre, La Santísima Virgen del Rocío.

 

Un nostálgico

 

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Mayo de 1995, Página 16