Dolores Núñez de la Huerta

Con el último Pentecostés, se nos fue para siempre nuestra hermana Dña. Dolores Núñez de la Huerta, tras larga y penosa enfermedad. Era la nº 2 en antigüedad por el primitivo libro de Hermandad, y esposa de otro entrañable Hermano nuestro D. Ángel González Mateo "Angelito".

No puedo por menos, al escribir estas líneas en ocasión tan triste, evocar al mismo tiempo con nostalgia, los muchos momentos vividos junto a ella y su esposo en el seno de nuestra Hermandad, en su guarnicionería de la Puerta del Arenal y en la aldea del Rocío, cuando era realmente una aldea.

Fue en la década de los sesenta, cuando simultáneamente, conocí a Ángel y a Loli, entré a formar parte como Hermano de nuestra Hermandad y comencé a frecuentar aquellas tertulias que se celebraban en la guarnicionería de Ángel. Han pasado cuarenta años, durante el transcurso de los cuales mi amistad personal con Ángel y Loli, se fue reforzando y cimentando para finalmente transmitirse con igual cariño a sus hijos y nieto.

Loli, como tantas mujeres de su época, dedicó su vida de una forma ejemplar a ejercer como esposa y madre, jamás vi en ningún lugar a Loli sin Ángel y a ambos sin sus hijos, incluso en aquellas duras romerías rocieras de aquellos años, la familia iba al completo.

Por aquella época, las vísperas de Pentecostés eran algo distintas a las de hoy. Desde San Jacinto al Salvador, corría un aire de ilusión y deseo contenido, mucho más familiar y mucho menos de moda.

Recuerdo la llegada aquella mañana, vísperas de la salida, al carretero de la Virgen, con aquella yunta monumental de berrendos en negro, del hierro de Moreno Santamaría, aparecer por la calle Varflora, camino de los corrales de la Maestranza, donde pernoctaban los bueyes la noche antes, y después la visita obligada del carretero a la guarnicionería, donde en el rincón entrando a la izquierda, se depositaban cinteros, coyuntas y el "hatillo" con la ropa del carretero. Aquello no era una visita de cortesía, era una ceremonia que se repetía año tras año, donde Ángel y Loli nunca podían reprimir sus lágrimas.

Querida Loli, estas líneas anteriores van dirigidas al boletín de la Hermandad, pero a partir de este punto, es mi carta personal. ¿Dónde y como estás?, sé que estarás  bien, por aquí todo sigue igual o algo peor, la verdad es que creo que no te estás perdiendo mucho, salvo el amor que te sigue profesando Ángel, las macetas del geranio estaban algo tristes, se nota que falta tu mano. Por la guarnicionería todo bien, con mucho trabajo como siempre. No sé cuándo fue la última vez que nos vimos, pero me gusta más recordarte en tu chalet de Cortegana, junto a nuestro amigo común "El Trinca" y con tu Angelín en brazos, en un Pentecostés cualquiera.

Recuerdos a la Señora y tú recibe el mejor de nuestros recuerdos.


José Díaz González.

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre del 2002 - Página 21