El porqué soy peregrino

Padre, ¿recuerdas aquél lunes de mayo? Eran las doce de ¡a mañana de un día de primavera, hace ya muchos años ¿te acuerdas? Estábamos todos, mi madre, tú, mis hermanos y yo. ¡Qué de gente! Sonaban cohetes, tambores y sevillanas, vivas, óles y palmas, Se decían guapa y bonita, parecía que la tiraban. Yo, asustado, mientras tú llorabas. ¿Qué le decías, padre? ¿Cómo estando tan malo le rezabas con esa alegría? ¿No sabías que te morías? ¿Por nosotros le pedías? ¿Cómo le decías con tanta fe? "¡Gracias, Madre mía"!

 

Nunca te vi llorar hasta aquél día, siempre me quedará la duda si le decías hola o te despedías.

 

¡Qué fuerte tu sentimiento, del llanto a la alegría, qué bonito, qué maravilla! Por eso, por ti, padre, hoy voy a verla con mi Hermandad de Sevilla.

 

Ahora que pasó el tiempo, ese ¡unes de primavera a las doce de! mediodía, sé que estás feliz con Ella en el cielo, y me estás mirando, ahora le rezo yo como tú me enseñastes hace ya tantos años, ya no tengo miedo, la miro a los ojos y te veo a ti aquél día llorando. Padre, ahora entiendo cómo la podías querer tanto.

 

Juan Pérez Carramiola

 

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre de 1993, Página 20