El primer camino de la Hermandad de Sevilla
"Amigo, bebe mi vino en mi propio vaso, que echado en el otro, pierde su flor y su espuma."
(RABINDRANAHT TAGORE, en traducción de Zenobia Camprubí)
Victoriano Fernández Piedra, Paco Moreno, Manuel Vera Caballero, Ángel González Mateos, Manuel Velasco March, Enrique Peralta y José Santo Toribio Robles, soñaban con hacer un nuevo camino para el Rocío, con una Hermandad llena de primavera y de azahar. Y el 30 de abril de 1951, fecha histórica para todos los que somos de ¡a Hermandad del Rocío de Sevilla, sus sueños se convirtieron en realidad.
Sevilla, es la primavera de la poesía, porque la primavera sin Sevilla seria menos primavera.
Primavera, Semana Santa, Feria. Faltaba algo y se dio el Decreto del Arzobispado de Sevilla, Vicaría General, número de registro 12.866, 30 de abril de 1951.
Y desde entonces, en el Salvador, en la Plaza, en la Iglesia, en el patio, la primavera es más primavera y e¡ azahar es más azahar.
"...Concediendo nuestra autorización para que dicha Hermandad pueda proceder a su traslado en romería a la Ermita de la Virgen del Rocío en Almonte, durante los días 12, 13 y 14 del próximo mes de mayo, por el camino indicado en su escrito, "por este año y ad. experimentum"..."
"...Se evitará encontrarse en el camino con la Hermandad de Triana..."
"...En la Ermita del Rocío se comportará de tai forma que evite cualquier antagonismo entre ambas Hermandades...""...Habrá de estar en la Parroquia de El Salvador con luz del día el mismo día de su regreso..."
Y esta pseudo rivalidad, porque dos que van al mismo destino espiritual no pueden ser antagonistas, -la Virgen del Rocío no puede ser antagonista- se terminó unos años más tarde con entregas simbólicas de ramos de flores para los dos Simpecados en Palacio.
Y de los siete que hicieron el primer camino tuvieron prisa en hablar con las estrellas, y se nos fueron Victoriano Fernández Piedra, Paco Moreno, Manuel Vera Caballero y Manuel Velasco March, y dicen que cuando Sevilla se está acercando a la Raya, de noche, en esa marisma donde brillan más las estrellas que en ninguna otra parte, no sé si es porque el pino purifica ¡a atmósfera o porque va a pasar la Virgen del Rocío, en sus diferentes Simpecados, dicen, que cuando llega Sevilla a la Raya, cuatro estrellas le van iluminando su camino, las que faltan del primer año.
Y como no tenía carreta se buscó una reliquia, la tumbilla de la Virgen de las Aguas, del s. XVII, y en ella fue Sevilla al camino.
Y como la Hermandad añoraba entregar un ramo de flores a la Patrona, delante del, Simpecado, fue la Virgen de los Reyes.
La calle Augusto Plasencia fue el primer templo para el arreglo del Simpecado y de su carreta.
Y Moreno Santamaría mandó los bueyes y el primer carretero del Simpecado, Antonio Díaz Bueno.

El Hermano Mayor de este primer camino, D. Miguel Lasso de la Vega y Marañón, por enfermedad, no lo pudo hacer. La representó a la salida Eduardo Muñoz Corpas, y en el camino Victoriano Fernández entonces mayordomo de !a Hermandad.
La conexión entre Capitanía y la Hermandad del Rocío de Sevilla, ha sido de siempre; en éste primer camino hizo la salida el Capitán General, Ricardo Radas Pera!.
E! Simpecado lo confeccionó Bolaños, por encargo del Vizconde D. Miguel Lasso de la Vega; posteriormente sus bordados se trasladarían al estandarte y bandera donde se encuentran actualmente.
Y aquellos dos toros berrendos en colorao de Moreno Santamaría buscaron Juliana, Gato, Villamanrique madrina y a la una y media en el Rocío; se salió el jueves.
Y como en una Hermandad del Rocío tiene un protagonismo especial la mujer, en la nuestra no podía ser menos.
Y fue una mujer; la primera mujer que hizo el camino con la Hermandad del Rocío de Sevilla, ese primer camino en el año 1951 de sueños y de ilusiones, la de Asián, como así se le conoce en ¡a Hermandad, que iba con sus dos hijas, la que ha protagonizado una de las historias más bonitas y de más fe de nuestra Hermandad.
Sobre esta mujer, en la búsqueda de datos que llevo, más de uno de entre los pioneros de la Hermandad, me ha dicho simplemente: en el camino nos alimentaba y nos ayudaba; era como una madre.
Y tras varios años de hacer el camino hubo uno en que no lo hizo. Y la Hermandad, que, tradicionalmente tiene por Sevilla desde la primera vez, su mismo recorrido, al llegar a la Avenida, los dos berrendos en colorao, ¿o ya era el negro y el sardo?, ¿verdad Angelito?, se pararon sin querer seguir la marcha.
Llega un coche fúnebre que quiere dejar pasar al Simpecado.
Se buscan ingresos donde pudiera haberlos. Se rifa todos los años una vaca, des-de el primero. Y D. Andrés Guillen, desde el pulpito, arenga para que se compren papeletas.
Estaba inventando la publicidad moderna: "pagar una y os llevaréis dos" (la vaca estaba preñada).
Y José María Domenech Romero, el de los esteros gaditanos, enamorao y conquistao por Sevilla, tiene que recurrir ante el Ayuntamiento una multa: "por amarrar a una ventana de la calle Patricio Sáenz, una vaca de su propiedad, tendida en el paso de peatón, de la que cuidaba Francisco Duran, el 20 de mayo pasado a las 16 horas".
Y decía en el recurso Domenech, con ese gracejo suyo "...el que suscribe no ha tenido nunca ni tiene en la actualidad ninguna vaca de su propiedad, para llegar a la conclusión de que la vaca a que se refiere la multa, si cometió alguna falta no puede ser imputable al que suscribe..." "...Y esta denuncia, porque es falsa, sólo ocasiona molestias al denunciado, sin causa justificada y gastos al tener que redactar este recurso, reintegrándolo con los sellos legales procedentes...". Y en el Suplico su fino instinto jurídico "...dejar sin efecto la multa impuesta al que se refiere por no ser propietario de ninguna vaca, y al mismo tiempo se prevenga al denunciante que en lo sucesivo, ya que le corresponde la prueba de lo que denuncia, se abstenga de deducir denuncias sin la debida constancia y certeza de lo que sea objeto de la misma, por ser así de justicia que pido en Sevilla...".
Aquellas cinco primeras carretas que acompañaron al Simpecado fue la simiente de una Hermandad que cuando se acerca alguien a ella, gracias a la Virgen puede decir todavía a pesar de la masificación del camino: "Amigo, viajero, caminante, peregrino, bebe mi vino, tómalo, pero en mi propio vaso, dado por mí mismo, que echado en el de otro, mandándolo dar, pierde su flor y su espuma".
Se acercan unos y otros y al final deciden los bueyes, que no se mueven hasta que pasa el coche fúnebre. ¡Iba la de Asián! Y este dolor que gritó la Hermandad ala Virgen del Rocío en el Simpecado, en esa mañana de primavera, en la esquina de la Avenida, cuando no los hombres sino los bueyes quisieron rendir (designio de la Divina Providencia), un último homenaje a la que fue su compañera de camino. Este dolor que todos le gritaban a la Virgen con su media sonrisa triste, podría decirnos como el poeta hindú: "He perdido mi gotita del rocío, dice la flor al cielo del amanecer que ha perdido todas sus estrellas".
José Sevillano González
Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre de 1993, Página 16 y 17