Es cuando ...

 

 

En ese profundo silencio de la noche, estando delante de ELLA, en medio del campo, mirándola embelesado, es cuando te das cuenta de lo pequeño, insignificante y pobre que eres ante su grandeza infinita.

 

Es cuando te recoges en tí mismo, tu cuerpo se contrae alrededor de tu corazón, empequeñeciéndote y sientes ese pellizco que te oprime cada vez más, queriendo expulsar lo peor que tienes dentro, dejando sólo lo bueno, lo mejor, lo auténtico.

 

En ese instante es cuando sientes el orgullo de ser rociero más que nunca.

 

Es cuando se te enciende esa chispa interior que te hace ser mejor cada momento.

 

Es cuando sientes el inmenso placer de ser hijo de ELLA.

 

Es cuando le hablas en privado, contándole tus cosas, tus anhelos, tus deseos.

 

Es cuando te engrandeces, tan lleno de felicidad, rodeado de tu familia rociera, que dentro de ti sale esa voz trémula, rota por la emoción del momento, casi tímida, en el silencio de la noche, llena de fe, y le rezas cantando, como sólo sabemos hacerlo los rocieros, y rezan contigo todos tus hermanos romeros. Se alza una voz, que alaba a la madre de todas las madres, que causa la admiración y el respeto de todos los demás» que nos sentimos sobrecogidos por la emoción, ¡que grandeza rociera! ¡que silencio tan estremecedor entre sevillanas y plegarias!

 

Es cuando sentimos sobre nosotros la luz del Espíritu Santo, del Rocío Divino, palpamos la inmensa satisfacción de estar junto a ELLA y el orgullo de ser tus hijos.

 

 

Es cuando, ante tanta grandeza espiritual, al mismo tiempo que hay tanta humildad, generosidad, comprensión, tanto diálogo sólo con las y miradas, nos decimos tantas cosas sin necesidad de palabras, nadie habla, sólo escuchamos levantarse esa maravillosa voz, rajando la quietud de la noche, rezando, cantándole por todos nosotros, por que, cuando un hermano canta, lo hacemos todos. El corazón rebosa paz, y armonía, y hermandad. Y miras tu Simpecado, y miras a tu gente, a tus amigos, a tus hermanos, y sabes que un sólo sentimiento flota en el aire, el mismo, el de todos. Y quisieras que ese momento perdurase siempre, toda una vida, si fuese posible, un camino eterno, una noche eterna. Es lo que tú quisieras, lo que ELLA quisiera, para nuestro gozo, para Su satisfacción. El vemos a todos tan unidos, en un solo corazón, en un solo sentimiento, en hermandad.

 

Es cuando siento todo esto. cuando se me riza el vello, y recorre mi cuerpo un escalofrío que me sacude de arriba abajo, y le pido aún con más fuerza que nos ilumine, para poder conseguir ENTRE TODOS, hacer de verdad una gran familia rociera, un mejor entendimiento, comprensión y benevolencia, juntos, unidos, vamos a hacer de nuestra hermandad eso que todos queremos, vamos todos a una, dejémonos de protagonismos, aquí somos todos iguales, con los mismos deseos y las mismas inquietudes. Ahora toca regir a la Hermandad a unos, no importa quienes sean, todos tenemos que colaborar y trabajar juntos para mayor gloria de ELLA, aquí cabemos todos, no sobra nadie, sólo la vanidad, el egoísmo, la intolerancia, la incomprensión, la prepotencia, la crítica destructiva, la maldad, sólo eso sobra, que ya es bastante...

 

Vamos a ir todos a una, un solo corazón, un solo deseo, un mismo sentimiento compartido por todos, como cuando pasamos el Quema, como cuando cruzamos el Ajolí, siempre, todo el año, "ole, ole, ole mi Hermandad", conseguir la unión que necesita nuestra Hermandad, la que todos queremos, y vamos conseguirlo, no la desaprovechemos, ELLA nos lo premiará.

 

Es hora de disfrutar de nuestra Hermandad, es hora de encontrar lo que buscamos durante nuestro camino... "Y Sevilla, lo encontró, y le regaló a su gente, un camino de hermandad, un Rocío diferente"... de verdad, todo el año como ELLA lo quiere.

 

Ea cuando encuentro la serenidad y mi espíritu rociero en la quietud de esa noche mágica, entiende en toda su inmensidad que pertenecer a la Hermandad del Rocío de Sevilla, estando rodeado de todos vosotros, mis hermanos romeros, en un sólo corazón, en un solo espíritu y con ELLA, velando por todos nosotros, es lo más grande que le puede suceder a cualquiera.

 

Es cuando valoro todo esto, cuando me siento tan insignificante y tan importante al mismo tiempo, que rezo, y lloro de alegría, y dos gracias a Dios y a la Señora. Benditas lágrimas.

 

Gracias, hermanos rocieros de mí Sevilla, por hacer sentir a mi corazón estas sensaciones tan indescriptibles y maravillosas . GRACIAS.

 

Angel Casal Sánchez

 

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre de 1998 - Página 14 y 15