Entrevista a D. Gabriel Rojas Fernández

 

Cuando la Junta de Gobierno nos encomendó a una serie de personas que colaboráramos en la realización del boletín, nos planteamos reiniciar algo que se empezó a hacer en antiguos boletines, como es la realización de entrevistas a hermanos de nuestra Hermandad, que por su antigüedad en la misma, sus vivencias o sus realizaciones, nos puedan ayudar a conocer más sobre la devoción rociera, sobre las romerías de hace años y sobre la historia de nuestra Hermandad.

 

Me comentaron algunos hermanos, que sería muy bonito y oportuno empezar por nuestro hermano D. Gabriel Rojas Fernández. Bonito por ser una persona que lleva muchísimos años yendo al Rocío y tiene mil vivencias, recuerdos y anécdotas que contarnos, y oportuno por ser nuestro Hermano Mayor Honorario.

 

Pero claro, para mí realizar esta entrevista era algo distinto, ya que para mí, D. Gabriel Rojas no sólo es el Hermano Mayor Honorario, sino que también es mi tío. Además, alguien especial para mí, al que le tengo un gran cariño, una persona que forma parte de mi propia historia del Rocío, de mis primeros recuerdos y vivencias, una persona que me ha enseñado muchas de las cosas que sé del Rocío.

 

Así, con una mayor carga de responsabilidad si cabe, y con más ilusión, me dispuse ha realizar la entrevista a D. Gabriel Rojas, a mi tío.

 

 

- Tito: Siempre que escucho a otras  personas hablar del Rocío de antes, cuentan historias de hace 20 o 30 años. Pero a mí, siempre me llamó la atención, que cuando he hablado contigo de tus vivencias rocieras, me cuentas el Rocío de hace 50 o 60 años. ¿Cuándo fuiste por primera vez al Rocío?

 

Fui por primera vez con ocho años de edad en 1929, año de la Exposición Iberoamericana y fue con mi tío Juan. 

 

- ¿Qué tradición rociera existía en la familia?

 

La tradición la empezó mi tío Juan y después su hermano Paco. Fue en el tío Paco en el que más arraigo tuvo la tradición rociera.El se entusiasmó, y arrastró en ese entusiasmo a toda la familia. Él nos llevaba todos los y  años de una u otra forma, pero nos llevaba.

 

- Qué recuerdos tienes de esos primeros Rocíos de los años 30.

 

Recuerdo que el primer año, a pesar de lo pequeño que era el Rocío, me perdí por los alrededores de la Calle Sanlucar, donde parábamos en una choza. Me atropello un caballo haciéndome una gran brecha en la cabeza. Así que mis comienzos como rociero no fueron muy buenos. Recuerdo que en aquellos años de la República, se escuchaba en el Rocío sevillanas alusivas a Azaña y Gil Robles. En aquella época el Rocío era muy pequeño, las casas eran como chozas y se conformaban en un entorno pequeño alrededor de la Ermita.

 

- ¿Cómo viviste el Rocío de la guerra civil?

 

Fueron años difíciles. Disminuyó mucho la afluencia de personas al Rocío. Los temas políticos eran muy delicados. Recuerdo, que cuando pasábamos por el pueblo de Manzanilla nos apedrearon y decidimos hacer el camino de noche para no llamar la atención. 

 

- Para ti y para muchos hermanos de esta Hermandad ha sido emblemática la casa de la Calle Sanlucar: háblanos de ella.

 

La casa la hizo el tío Paco, que compró el solar, y como en aquella época apenas había materiales, la fue haciendo como pudo. Al principio la estructura se hizo hasta con chasis de coches viejos. A aquella casa  íbamos toda la familia y muchos amigos, sobre todo del barrio de la Macarena. No había más que dos habitaciones muy largas, una para la mujeres y otra para los hombres, y dormíamos todos en colchones en el suelo. La verdad es que tengo gran añoranza de esa casa, pues vivimos muchos y muy bonitos Rocíos en ella.

 

 

- ¿Cuándo se produce tu ingreso en la Hermandad de Sevilla?

 

En 1951, algunos amigos como Enrique Herrera, Enrique Pardo y otros me hablaron de la Hermandad de Sevilla. Yo antes era hermano de Triana, que era la única que había en la ciudad. En 1952 ingresé en la Hermandad de Sevilla y la verdad es que encajé muy bien, me sentí muy a gusto y desde entonces en ella sigo.

 

- ¿Cómo era nuestra Hermandad en los años 50?

 

En aquellos años la Hermandad la constituían menos personas que ahora. Éramos todos amigos y la romería era muy entrañable, ya que toda la Hermandad iba al Rocío como una gran familia, todos los problemas se solucionaban en común. Teníamos el gran reto de la construcción de nuestra casa en la aldea, después de conseguir que Almonte nos cediera el solar. Recuerdo que destrocé una furgoneta que yo tenía yendo y viniendo al Rocío. Iba como mínimo una vez por semana durante la construcción de la casa. Recuerdo de aquella época, un año que hizo muchísimo calor y decidimos hacer el camino de vuelta de madrugada. Fue uno de los caminos más bonitos que he vivido, había luna llena y el color  blanco de las carretas resplandecía entre la oscuridad de los árboles. Llegamos al amanecer a la parada, todos cansados pero emocionados.

 

- 69 años ininterrumpidos yendo al rocío, no has faltado ni uno sólo por ninguna circunstancia.

 

Ni uno solo, no he faltado ni un año.

 

 

- Tendrás muchas anécdotas, cuéntanos alguna que se te venga a la memoria.

 

A principios de los años 40, un día en el camino, nuestro camión se quedó atascado y no había forma de sacarlo. De repente, apareció detrás nuestra, un camión del que bajaron algunos militares de alta graduación. Uno de ellos se dirigió a nosotros enérgicamente diciéndonos "¡fuera, fuera apartaos de ahí!". Detrás venía el General Queipo de Llano. Nosotros le contestamos, que eso era lo que nosotros queríamos, salir de allí. Visto que no había forma de salir, no tuvieron más remedio que ayudamos a empujar, incluido el General Queipo de Llano, que también se puso a empujar con nosotros, ¡Con lo que era Queipo de Llano en aquella época!.

 

- A tu parecer, ¿cómo ha cambiado la romería del Rocío en tantos años?

 

Ha cambiado mucho, sobre todo desde que construyeron la carretera de Almonte al Rocío. Antes como dije, los caminos se hacían casi en familia. Había menos hermandades, teníamos más libertad para andar por los distintos caminos y elegir día y hora para andarlos, y en las paradas nos acogían sin problemas en los cortijos por donde pasábamos.

 

 

- ¿Qué significa para tí la parada del Caoso?

 

Hombre, para mí supone un gran honor y satisfacción el hecho de que mi Hermandad pare en mi casa. Creo que esto es normal y cualquier hermano sentiría lo mismo que yo. Jamás pensé, cuando compré la finca, que se pudiera ver en ella estampa tan bonita como cuando llega la Hermandad con sus carretas y su gentío. Jamás soñé que pudiera allí vivir las noches que he vivido. Soy un afortunado y por ello le doy gracias a la Virgen del Rocío.

 

- ¿Qué le aconsejarías a los actuales jóvenes que se incorporan a la Hermandad, así como a los que por primera vez acceden a la Junta de Gobierno.

 

Creo que el amor a la Virgen y la ilusión lo hacen todo. Que el integrarse en una Hermandad es trabajar por ella y que hay que perseverar en el empeño de una labor, que me consta, es cada día más complicada, y a la que hay que dedicarle mucho tiempo. Pero merece la pena, todo lo que se haga por la Virgen del Rocío, merece la pena. Ella nos devuelve mil veces lo que nosotros le damos.

 

 - ¿Cómo ves el futuro del Rocío?

 

Creo que hay que pararse un poquito a recapacitar y a pensar en el sentido religioso del Rocío. No podemos perder de vista que todo esto es consecuencia de una devoción Mariana, donde el sentido Cristiano es fundamental. Y este sentido Cristiano debemos ejercitarlo en hermandad. Y nosotros, los de Sevilla, tenemos la inmensa suerte de tener una gran hermandad donde vivir y compartir estos sentimientos Cristianos: nuestra querida Hermandad del Rocío de Sevilla.

 

Tito muchas gracias, sólo me queda pedirle a la Virgen, para mí y para todos los hermanos, poder vivir tantos y tan intensos Rocíos como los que tú has vivido, y hacer-lo con la grandeza de rodero y de hombre que tú lo has hecho.

 

Gabriel Rojas Fernández

(Sobrino)

 

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Mayo de 1999 - Páginas 18 a 21