Invitación a la reflexión

En los tiempos actuales, la vida corre muy deprisa, y los cambios son importantes, no tenemos nada más que ver a la velocidad que vamos. En las
Hermandades ha ocurrido un tanto de lo mismo, y nuestra Hermandad en particular no iba a ser distinto.

Nos cuentan los mayores, que antes, sólo había un camino (que yo no he conocido), en el que era todo una sola organización, tanto para comer en las paradas, como para los actos religiosos del mismo; en el que el compañerismo, la amistad, y la unión entre hermanos era habitual. También en la aldea era parecido, así como durante todo el año, en las reuniones y diversos actos que organizaba la Hermandad, no podemos pretender volver  a aquella época, ni a aquellos caminos, hoy día el progreso nos da más comodidades, a las que no podemos renunciar, pero hay una parte muy importante que creo que se estádegradando dentro de nuestra propia Hermandad, y que si no ponemos medios, los resultados pueden ser catastróficos.

Como decía Sigmund Freud, todos los males de la mente están en el propio ego, y hoy día un siglo después se ha visto que no sólo los de la mente, sino además los personales y los conflictos con la sociedad también radican en el mismo principio; porque, el tener un coche mejor y una buena posición social, o acumular riqueza, ¿nos hace mejores? yo creo que no, porque todo esto no te lo puedes llevar contigo en tu último adiós, y no quedará en nosotros nada más que nuestra elegancia, fidelidad, amistad, compañerismo, y buenas acciones.

En nuestra Hermandad, existe todo ésto y en grandes dosis, pero también existe rencor y maladversión hacia otras personas, y sobre todo una exaltación, del ego, de lo personal sobre lo colectivo, del prestigio, y sobre todo una gran división; por eso me gustaría invitar a reflexionar profundamente hacia donde vamos y que camino estamos tomando, y pensar que lo importante es volver a la etimología de la palabra Hermandad, que es la agrupación de personas con un fin común, y este fin es la fe en la Virgen, y después vivir en armonía y espiritualidad, pues son los valores profundos los que en realidad dan sentido a una vida, lo demás es sólo pasajero.

Si nuestra Hermandad se convierte, en reunimos los jueves, vayamos a misa y no, para hablar de cómo van nuestros negocios, quién gana más, y quién se compró el último modelo de todo terreno; si nuestro camino se convierte en una competición, de quién lleva el mejor caballo, el mejor traje y el mejor jamón y las mejores gambas en su organización, además de un rencor irreconciliable de unas personas con otras, a mí personalmente como creo también que a un gran número de hermanos, ésto no nos compensará, y por tanto que será de una Hermandad sin hermanos.

Por tanto no invito sólo a reflexionar, sino también entre todos a cambiar esta tendencia a la que vamos abocados, y que de una vez por todas y ya llevamos mucho tiempo intentándolo sin conseguirlo, tengamos una verdadera unión, que sea envidia sana de las demás Hermandades, porque así se demostraría el "señorío" del que todos nosotros hablamos, que tiene nuestra Hermandad.

¡Viva la Madre de Dios!
¡Viva la Virgen del Rocío!
¡Viva la Hermandad de Sevilla!

Antonio Vera López

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre del 2004 - Página 28