... Y no te hizo falta nada.

 

En estos tiempos que corren, donde el paso de los años dejan su huella imborrable en casi la totalidad de los templos que inundan a Sevilla, ciudad Maria na por excelencia, le tocó el turno también al nuestro, querido y magnifico del Divino Salvador. Y a la priostía de esta hermandad se le presentó el dilema de donde adorar en sus cultos de Navidad a nuestra venerada titular, María Santísima del Rocío.

Ya que en la nave central, un portentoso andamiaje imposibilitaba el montaje de un altar de culto, a la medida que dicha ocasión merece, expusimos algunas ideas para una nueva ubicación. Después de algunos días de medidas y mareos, se decide que el mejor sitio es en nuestro mismísimo y pequeño altar, allí, donde junto a nuestro Simpecado la vemos cada Jueves. El paso, cabe dentro de la "reja" y además la posición de los bancos es la más acertada, hay que contar que Nuestra Bendita Madre saldrá, si el tiempo lo permite, a las calles que en otra fecha son seria penitencia, a las que en estas, son improvisados y recordados caminos de arena. Paco dice, que la mesa de Junta y sus varas quedan muy bien al lado de esta columna, dejando paso también a los acólitos. A Pepe, las flores, que se rompa la cabeza pensando algo nuevo, la cera de los vecinos y la Virgen, magníficamente vestida, con su manto, hecho de manos que la quieren, con su corona, en su paso. Innovador, las jarras de la carreta a cada lado de Ella, así la acompañan en su caminar. Y dentro de esa "reja", haciéndonos recordar otros tiempos, en una ermita chiquita, a nuestra Madre, en tierras de Marisma, como antaño.

Ahora que está todo en su sitio, que no le cabe un detalle, ¿No queda nada más? ...

Me doy cuenta, y cada vez más en cada año que pasa, que tanto trabajo y tanto empeño por realzar su imagen y la belleza que nos regala su mirada tranquila, no servirían para nada si no pensáramos que allí donde Ella está, nada le hace falta, que hay que mirarla solo a Ella, que lo demás, sobra, que el altar por muy lujoso y grande que sea, no debe ni por asomo, hacernos olvidar para qué estamos allí, que a mí como prioste, recibir, solo felicitaciones de lo bonito de mi trabajo, de las flores ó de la cera, harían que regresase a mi casa con la pena de saber que hay personas, aún, que no saben recoger, el mensaje de Nuestra Madre.

Que este año que la he sentido más cerca aún, por esas calles, sé que la mejor manera de demostrar nuestro amor, es haciendo felices a nuestros hermanos, como una Madre nos enseña, siendo mejores personas, como una Madre nos dice y ayudando a los que más lo necesitan, como una Madre lo hace. Así nos lo enseñaron, los que ya caminaron hacia Sus Marismas Celestiales, que son las nuestras.

Ojalá, que junto con los que hemos sabido recoger la Palabra de Dios, mediante Nuestra Bendita Madre, así lo hagan cada día, más personas en este mundo y sembremos la Paz y el Amor que tanto nos hace falta. Ese será Su mejor y más preciado altar.

Los que allí estuvimos y te sentimos cerca, sabemos que no te hizo falta nada.


JOSEMA

Publicado en el Boletín de la Hermandad de Mayo del 2001 - Página 22