Peregrinación a Santiago de Compostela
En los casi 50 años de continuo caminar de nuestra Hermandad, han sido muchas e importantes las efemérides donde ha estado presente siendo portadora con gran celo y preocupación del mayor sentir de la devoción rodera de gran parte de la ciudad de Sevilla. Por ello he querido traer en esta ocasión a las páginas de nuestro boletín una de esas efemérides, por varios motivos.
Uno de ellos porque muy pronto se cumplirán los veinticinco años, otro por ser la primera Hermandad que lo realizó y en la forma tan peculiar en que lo hizo.
Me refiero a la peregrinación que nuestra Hermandad del Rocío de Sevilla realizó a Santiago de Compostela, en el verano del año 1971, con motivo del Año Santo Compostelano.
Era por aquel entonces Hermano Mayor D. José Ruiz del Castillo, y estando tomando una cerveza en "La Alicantina" D. Rafael Esteban Fraile y el que esto escribe, me comentó D. Rafael la idea de organizar una peregrinación a Santiago con motivo del año Santo Jacobeo.
No recuerdo exactamente quién de los dos apostilló "sí" pero a caballo.
Dicho y hecho, a partir de este momento se extiende el comentario, comenzamos a elucubrar ideas y proyectos y durante seis meses nos dedicamos a poner en marcha la expedición.
Se establece un plan logístico, pues se trata de atravesar España de sur a norte, a caballo, hablamos de la cuantía económica, posible duración del proyecto, etc.
Con el fin de no cansarte, querido lector, y por problemas de espacio resumiré lo más posible el largo y complejo contenido de dicha expedición.
Calculando que la distancia que tendríamos que recorrer sería aproximadamente de unos 1.100 kms. y especulando con cabalgar diariamente entre 55 y 75 kms.
Se cursaron cartas a todos los municipios ubicados en esta distancia aproximada del recorrido notificándoles nuestro paso por ellas y el día. Esta gestión recibió una respuesta altamente positiva. Calcular el presupuesto de dicha locura era bastante complicado, sólo referiré cuáles fueron nuestras fuentes de financiación.
La firma jerezana Domecq, SA. fue prácticamente nuestro único sponsory nos regaló 100.000 ptas. como subvención en efectivo, 35 cajas de fino "La Ina", 2 cajas de coñac y 2 cajas de anís Domecq.
En justa correspondencia el camión que llevábamos para enseres y equipajes lo forramos prácticamente con publicidad de dicha firma comercial. Cada uno de los cinco caballistas que integrábamos la expedición aportamos 35.000 pías., vayan sumando, quiere decir que al menos sobre el papel, con 275.000 pías. nos lanzamos a la aventura de atravesar España a caballo y hacer frente a todos los gastos que pudieran ocasionar vehículos, caballos y trece personas que integraban la comitiva.
¿Se imaginan ustedes acometer hoy día esta empresa como está nuestra peseta y nuestra querida España?
Y así después de seis meses de planes, gestiones, trazados sobre mapas, carreteras, caminos de herradura, vías pecuarias, etc. Por fin el día 6 de agosto de 1971 este grupo de divinos locos y después de escuchar misa en la Santa Catedral ante la Patrona de Sevilla, la Santísima Virgen de los Reyes, iniciábamos nuestra aventura, bajo un diluvio impresionante, acompañado de un cortejo de truenos y rayos.
Dicha expedición estaba compuesta por los siguientes hermanos y hermanas de nuestra hermandad: D. Rafael Esteban Fraile y Sra., D. Fran-cisco Mariscal Romero y Sra., D. Lesmes González, D. Juan Alvarez Rodríguez y D. José Díaz González.
Como personal de apoyo logístico, un herrador a las órdenes de nuestro siempre recordado Clemente, que la Virgen del Rocío tendrá en su gloria, Antonio "el Purito", su hijo Manolo y su Sra., ocupante del camión marca Mercedes, donde llevábamos el equipaje; monturas, pienso y todo lo imaginable y el gran Pedrito, con el Seat 1.500 de "Rafael Esteban, que era nuestro coche de enlace, finalmente un charret tirado por Manuela, esa mula castaña que todos recordaremos, al pescante Clemente y el herrador, que llevábamos junto a los caballos con todo lo necesario, como herramientas, herraduras, clavos y un botiquín de primeros auxilios.
Sería totalmente imposible poder transmitir en el corto espacio que nos permite nuestro boletín, los 28 días de nuestra aventura a través de España, ya que necesitaríamos un libro para referir las anécdotas. Tan sólo deciros que cada uno de los que tuvimos la enorme suerte de participar en dicha aventura guardaremos siempre un recuerdo único e imborrable en nuestro corazón y en nuestra mente de una de la más hermosas locuras realizada por nuestra Hermandad.

Llevamos nuestro sentir rociero paso a paso a través de toda España, lo hicimos de todo corazón y con toda la alegría propia de nuestra tierra, y al mismo tiempo con toda la seriedad, conscientes de quién éramos y a quién representábamos.
Esos cinco caballistas, jinetes a la vaquera, usaron durante los 28 días del camino, como si del más estricto protocolo se tratara, el "traje corto" al completo, incluido, zahones y sombrero, a pesar de las altas temperaturas del mes de agosto.
La Santísima Virgen del Rocío fue nuestra estrella polar y guía y en ese largo camino Ella nos protegió y alentó en los momentos más críticos y gracias a ella no tuvimos ni un solo contratiempo digno de mención, salvo algún que otro batacazo desde el caballo sin más importancia.
La armonía del grupo fue ejemplar, y la entrada en Santiago, junto con un gran número de hermanos y hermanas que se desplazaron tanto en autocar como por medios propios, para estar representando a su querida Hermandad en ese histórico momento. La entrada en Santiago fue presidida por nuestro banderín como única insignia que yo tuve el honor de portar gracias a la gentileza de los demás que me concedieron tal honor.
Los habitantes de Santiago de Compostela presenciaron el paso de la comitiva por las calles de la ciudad hasta la Catedral con los ojos atónitos, y no salían de su asombro. Para finalizar dicho artículo y después de 24 años volver a expresar nuestra gratitud a tantas y tantas personas, ins-tituciones, ayuntamientos, etc., que a través de toda España nos ayudaron poniendo todo aquello que tenían al servicio de este grupo de locos, que a través de su devoción a la Virgen del Rocío y por su Hermandad de Sevilla, quisieron transmitir la alegría y el sentir de nuestra tierra al resto de España.
José Díaz González
Publicado en el Boletín de la Hermandad de Mayo de 1995 Páginaa 14 y 15