Familia Rufino Martín
El hermoso caminar de nuestra Hermandad, que comenzara en aquella inolvidable primavera, vísperas del Pentecostés de 1951, siempre fue acompañado de las ilusiones que aquellos hombres y mujeres pusieron en ese proyecto, hoy convertido en la hermosa realidad que es nuestra querida Hermandad del Rocío de Sevilla.
Son muchos los nombres de personas y de familias enteras, que quisieron unir su
destino rociero al de la Hermandad que vieron nacer, y que en sucesivos
boletines iremos trayendo a nuestras páginas, como testimonio de nuestro
recuerdo, cariño y el más profundo de nuestro agradecimiento.
En este sentido hemos querido comenzar haciéndolo, por una familia que reúne los requisitos y méritos más que sobresalientes para figurar en los anales históricos de nuestra Hermandad. Me refiero a la familia Rufino-Martín.
Esta ilustre familia sevillana, que el que esto escribe ha tenido la suerte de conocer, de tratar y de disfrutar de la amistad de algunos de sus miembros, la mayoría desgraciadamente ya desaparecidos. Apellido que ha llevado uno de los hierros ganaderos más legendarios de Andalucía, afincado en lo más noble de nuestra marisma, en esa añeja finca de "La Marmoleja"; y por ser además uno de sus más inmediatos antepasados D. Anastasio Martín, hombre clave en los albores de los importantes acontecimientos previos a la fundación de nuestra querida Hermandad.
La familia Rufino-Martín nace al contraer matrimonio D. José Rufino Moreno Santamaría con Dña. Rocío Martín Carmona, hija de D. Anastasio Martín. Aproximadamente en la primera década de este siglo, D. Antonio Leiva, amigo personal de D. Anastasio y médico de la familia, encarga a un escultor cuyo nombre desconocemos, una imagen de la Santísima Virgen del Rocío de análogas características a la que se venera en la marisma almonteña, haciendo donación de la misma a Dña. Rocío Martín Carmona.
Durante muchos años, la imagen permanece en el oratorio que la familia Rufino-Martín tiene en su domicilio sevillano, hasta que dicha familia decide donar dicha imagen a la Parroquia del Divino Salvador, hecho que tiene lugar después de 1919, fecha de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen del Rocío, allá en la marisma de Almonte.
Era por aquel entonces cura párroco del Divino Salvador, D. Luis de Cózar, y la Virgen es colocada en el mismo altar que hoy ocupa.
Esta imagen de la Santísima Virgen fue sometida a una restauración, ignoramos la fecha de la misma, en la cual el escultor sevillano D. Sebastián Santos se vio en la necesidad de hacerle prácticamente nuevas las manos y la cara, restauración que pagó en su totalidad Dña. Rocío Martín y que ascendió a la cantidad de seis mil pesetas.
La imagen recibía culto en la Parroquia del Divino Salvador mucho antes de la existencia de nuestra querida Hermandad, y al mismo tiempo era atendida, cuidada y vestida por su primera camarera y primitiva dueña Dña. Rocío Martín, auxiliada en dicha labor por Dña. Luisa Aguilar y por el entonces sacristán del Salvador, Ricardo, padre del recientemente desaparecido enrique, último sacristán quye ha tenido nuestra Parroquia.
Entre las antiguas sayas con que fue vestida la Sagrada Imagen, caben destacar la primera de ellas, confeccionada y adaptada del vestido de novia de Dña. Rocío Martín Carmona, y más tarde, una de color salmón regalo de D. Justo Moreno Santamaría, con bordados del traje de novia de Dña. Salud Charlo Algarín, esposa de D. Francisco Rufino Martín, hijo mayor de Dña. Rocío.
Ante esta imagen fueron naciendo los primeros destellos de devoción rociera en el seno de nuestra Parroquia, que más tarde darían ese hermoso fruto que es nuestra actual Hermandad.
Por todo lo expuesto, por muchas más connotaciones que iremos desgranando a lo largo de este artículo, por su fidelidad con su Hermandad, estando siempre con ella y preocupados con su evolución sin parecer que lo estaba, haciendo gala de una discreción que los ennoblece, discreción que esta familia ha sabido mantener de igual forma dentro de la sociedad sevillana.
La familia Rufino-Martín pertenece, con toda la sencillez pero al mismo tiempo con todo el merecimiento, a la hermosa historia de la Hermandad del Rocío de Sevilla.

De aquel matrimonio formado por Dña. Rocío y D. José Rufino, nacieron seis hijos: D. Francisco Rufino Martín, Dña. Dolores, D. Manuel, Dña. Pilar, D. José (para los amigos el señorito Pepe) y Dña. Mariana. Todos y cada uno de ellos supieron seguir las enseñanzas rocieras que le venían fundamentalmente por parte materna, y hacer gala de ella no sólo en el seno de nuestra Hermandad sino que por aquel entonces supieron y quisieron repartir su mecenazgo en muchas Hermandades del Rocío.
Bueyes del legendario hierro de Moreno Santamaría llevaron durante muchos años al Rocío, los Simpecados de Villamanrique de la Condesa, Coria del Rio, Pilas, a la Hermandad de Gines en su primer camino y cómo no, a su Hermandad de Sevilla.
Desde nuestra primera romería en el año de 1951, los bueyes de Moreno, pues con ese cariñoso nombre se les conocía, llevaron y trajeron al Simpecado de Sevilla al Rocío durante más de treinta años consecutivos.
Aquella primera yunta que llevó a aquella genial carreta del Simpecado, rematada con la tumbilla fernandina de la Virgen de las Aguas, eran dos cabestros berrendos en colorao que atendían a los nombres de "Monaguillo" y "Gallareto", y del carretero, como mandaban los cánones de aquella época, el carretero de la casa, Antonio Díaz Bueno, "Antoñito el capataz". Más tarde sería Angulo el carretero de la Virgen con otra yunta de berrendos en colorao que atendían a los nombres de "Barquero" y "Abaniquero" y finalmente el "Nene de Bollullos", Estos son los tres carreteros de la Virgen que han tenido el privilegio de llevar la carreta del Simpecao de Sevilla con bueyes de este mítico hierro.
Entre todas la yuntas, una inolvidable, que recordaremos todos los que tuvimos la dicha de ser alcalde de carreta con ella. Una yunta de cabestros, que más que dos bueyes eran dos catedrales, el derecho cárdeno oscuro, el izquierdo cárdeno salpicao, el primero atendía al nombre de "Piñonero", el segundo, torpe de mí, no consigo recordar su nombre.
Esta yunta llevó la carreta del Simpecado de Sevilla al Rocío durante veinticinco años consecutivos, y como caso excepcional nadie recuerda haberle enganchado la yunta de cuarta en ninguno de esos veinticinco años.
Desde aquí quiero quitarme el sombrero de la admiración, ante aquellas yuntas de bueyes, y ante aquellos hombres de los campos de Andalucía que tuve el honor de conocer, que me honraron con su amistad y que siempre tendré en lo más íntimo de mi recuerdo.
Como curiosidad y para conocimiento de nuestros lectores, señalar que durante muchos años existió la costumbre, que el lunes de Pentecostés y estando como es lógico nuestra Hermandad en el Rocío, en la Parroquia del Divino Salvador y ante el altar de la Virgen, se celebraba una misa para todos los Hermanos y Hermanas que no habían podido asistir a la romería, misa que era pagada por nuestra camarera honoraria Dña Rocío Martín Carmona. Esta costumbre con el tiempo desgraciadamente fue desapareciendo.
También como curiosidad, deciros que uno de los primeros cultos celebrados en honor de la Santísima Virgen del Rocío y antes de la existencia de nuestra Hermandad, fueron predicados por un sacerdote confesor del Conde de Romanones, el cual era conocido por el padre Camarasa, que fue traído expresamente por d. Anastasio Martín gracias a la amistad que le unía con dicho conde.
Para finalizar quiero que este artículo discurra en su ocaso con la cadencia y la nostalgia en el frescor de una tarde por la Raya a paso lento de buey y ese recuerdo vaya envuelto
En una nube de polvo
va un relicario de plata
prendido de una cadena
hecha de carretas blancas.
Con un broche de finura
de inspiración y de gracia
que es la Hermandad de Sevilla
cuando pasa por la Raya.
Esa carreta de plata
es el altar que Sevilla
le hizo a su Simpecao
barroco y de plata pura
por to los cuatro costaos.
Para llevarla al Rocío
dos bueyes tiran de ella
cárdenos como la noche
y salpicados de estrellas.
Son de un hierro legendario
con un toro de ese hierro
se doctoró en tauromaquia
aquél Joselito El Gallo.
Moreno Santamaría
con su bravura y trapío
tuvo la yunta de bueyes
más guapa que fue al Rocío.
José Díaz González
Publicado en el Boletín de la Hermandad de Diciembre de 1995 - Páginas 19 y 20